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REPORTAJES

Actualidad Aseguradora nº13 - Noviembre 2025

¿A quién le toca pagar el robo en el Louvre?

La sustracción de joyas de incalculable valor en el primer museo de Francia deja un buen número de preguntas en el aire, como las de quién se hará cargo de la factura de lo robado y de la posible restauración que requerirá, al menos, la corona de la emperatriz Eugenia, ya recuperada; o por qué el seguro no se activará en este caso; o cómo está reaccionando el mercado ante robos y los cada vez más frecuentes actos vandálicos con fines reivindicativos en las pinacotecas, como el sufrido recientemente también por el cuadro de José Garnelo en el Museo Naval de Madrid. 

Limite

 

Ocho minutos, nueve joyas, 88 millones de euros. No ha sido el más rápido ni tampoco el más caro de la historia, pero el último robo sufrido por el Museo del Louvre en sus 232 años de existencia siempre será recordado por la velocidad y la audacia de sus autores: robaron (previamente) una escalera montacargas para acceder directamente a la segunda planta, se hicieron pasar por operarios de mantenimiento y actuaron en domingo, cuando la presencia policial es menor en la capital de Francia. Además, no es lo mismo robar la Gioconda en 1911 -también en el Louvre-, sin las modernas medidas de seguridad actuales, que hacerlo en 2025. Pero, una vez más, la realidad desafía a la imaginación para demostrar que no hay ningún sistema antirrobo infalible. 

Al cierre de esta edición, la Fiscalía de París informó de la detención de nuevos sospechosos en distintos puntos de la región parisina. Uno de ellos fue identificado mediante pruebas de ADN vinculadas al robo, mientras que, según la fiscal Laure Beccuau, “nada sugiere por ahora la existencia de cómplices dentro del museo”. Las joyas, sin embargo, siguen sin aparecer. 

De momento, solo queda confiar en la acción policial para tratar de recuperar todas las piezas sustraídas -una la dejaron atrás en plena huida- y volver la vista hacia el seguro para pensar en una posible reparación… Sería lo normal, pero no en este caso: ninguna de las obras sustraídas estaba asegurada ya que, según explica Eva Peribáñez, directora de la división de Arte y Clientes Privados de Hiscox España, es la misma Francia la que responde por este tipo de Bienes de Interés Cultural: “Las obras de arte y bienes que forman parte de colecciones permanentes de museos de titularidad pública están protegidas por mecanismos estatales, la llamada ‘Garantía del Estado’, que responde por su protección y conservación”. 

Para más inri, parece que las medidas de seguridad de la pinacoteca gala no estaban, digamos, ‘a la última’. El pasado mes de febrero el Administrador General del Louvre alertó de que algunos de dichos sistemas habían sido instalados hace nada menos que 35 años, por lo que se podían considerar obsoletos. Sus palabras parecen ahora casi premonitorias: bastaron las herramientas adecuadas -nada sofisticadas, por cierto-, apenas una radial, para cortar el cristal de las vitrinas y las joyas de las reinas y emperatrices francesas quedaron al alcance de la mano. 

¿Qué hubiera pasado si el Louvre hubiera albergado una exposición temporal con obras cedidas de otros museos? En estos casos, “sí que entra en juego el seguro de obras de arte”, aclara Peribáñez, pero eso sí “es imprescindible que el museo contrate una póliza con cobertura integral que contemple todos estos aspectos, como lo es Fine Art & Collections By Hiscox”, aconseja.

Pero, ¿hasta dónde pueden llegar realmente los seguros? “Contemplan no solo la restauración de la pieza en caso de daños parciales, sino también la posible pérdida de valor que sufra la obra de arte a consecuencia del daño”, confirma la experta de Hiscox. Estas mismas coberturas se habrían activado si el siniestro hubiera tenido lugar en un museo o colección privada a la que “el seguro sí indemnizaría por el valor acordado de la obra robada. Por otro lado, en caso de daño parcial, también cubriría esa restauración y la posible pérdida de valor”. La única exclusión habitual son los actos vandálicos “para las obras de arte que están expuestas al aire libre, generalmente, esculturas”, añade, por su parte, Israel David Suárez Adeliño, director técnico de Técnica Aseguradora Internacional.

 


Robo de arte, un riesgo al alza 

A pesar de lo espectacular del robo en el Louvre, los riesgos más frecuentes para el arte en la actualidad “son los causados por hechos vandálicos o incluso por negligencias de los propios visitantes”, apunta Fernando Barrio Fuente, director general de Names Europe Agencia de Suscripción. Sin embargo, desde el punto de vista de la gravedad, son más costosos “los incendios y los riesgos atmosféricos que afectan a grandes superficies y cantidad de obras”. Desde el punto de vista de la frecuencia, Eva Peribáñez, de Hiscox España, añade a la lista “los producidos durante los traslados y manipulaciones de las obras”.  

Barrio reconoce que los robos están repuntando, a pesar de “la dificultad de la venta de las obras robadas”, tanto en “entidades públicas, como en colecciones privadas e incluso restaurantes”. 

Normalmente los espacios que no son propiamente museísticos, como los recintos religiosos, “están menos preparados y cubiertos frente a todo tipo de riesgos, incluido el robo. Dado su tamaño, es difícil que puedan incorporar medidas de seguridad que tienen un coste elevado”. “Hay que recordar que la seguridad total no existe y para eso están los seguros”, defiende el director general de Names Europe.    

Queda por ver si el contexto actual tendrá a la larga un impacto en el coste del seguro de arte. “No tengo constancia de que esté habiendo incrementos de primas en las pólizas de museos españoles”, confirma Israel Suárez, de Técnica Aseguradora Internacional. Si hablamos de actos vandálicos, Rafael Gisbert, de la Correduría Alkora, asegura que “en la mayoría de casos tienen una repercusión más mediática que el menoscabo que efectivamente sufren las obras. Sin embargo, no es de extrañar que se precisen nuevas medidas de seguridad y protocolos para contemplar debidamente esta eventualidad. Sin duda, al igual que el aspecto ‘codiciable’ de una obra de arte determina la cobertura de robo, la condición de potencial ‘mediaticidad’ influirá igualmente a la hora de valorar el riesgo de asegurar determinadas obras, exposiciones o instituciones”. 


 

¿Seguridad mejorable?

Rafael Gisbert, director de la Unidad de Educación, Instituciones Religiosas y Patrimonio Artístico de la Correduría Alkora, señala que, en situaciones así, las medidas de seguridad y su correcto funcionamiento en el momento de la intrusión son clave para que el seguro entre en acción. Pero, además, el asalto al Louvre “pone en entredicho que las medidas de seguridad actuales sean suficientes y genera un debate respecto de la viabilidad de su aseguramiento, endureciendo las condiciones de los actuales aseguradores de arte. Además, hay que valorar la pérdida reputacional que supone como posibles prestadores o prestatarios de obras para exposiciones temporales”, otro momento “crítico tanto a efectos del seguro como de vulnerabilidad de la obra de arte ante posibles daños o sustracciones”. 

Gisbert opina que, a pesar de la “solidez” del mercado asegurador español de arte, que presta cobertura a muchas colecciones y casi todas las exposiciones temporales -una actividad en alza-, “un evento de estas magnitudes hace reconsiderar las situaciones preconcebidas, endureciendo las condiciones”. De igual forma, este experto predice una posible reducción de aseguradoras dispuestas a cubrir este riesgo. 

Israel Suárez, de Técnica Aseguradora Internacional, pone el acento en la valoración de las obras aseguradas para que “sea la adecuada”, debido a que “ese tipo de pólizas suelen ser ‘a valor pactado’, de modo que aquel que se indique en el listado aportado a la aseguradora es el que ésta pagará como indemnización. También sería muy importante la cobertura de depreciación o demérito artístico que pueda sufrir la obra a consecuencia de siniestro”.
 


El papel del mediador

Eva Peribáñez, de Hiscox España, reconoce el “papel fundamental” de los corredores de seguros, entre otras cosas, en el fomento “de una necesaria cultura de prevención entre los clientes, que deben ser muy conscientes de que en el mundo del arte siempre es mejor anticiparse a los riesgos que sufrir las consecuencias”. Por otro lado, deben “promover revisiones periódicas de las condiciones de las pólizas, de modo que siempre estén bien ajustadas a las necesidades de cada obra y cada cliente”. 

“Los mediadores de seguros deben asesorar sobre las coberturas de la póliza. Lo tocante a prevenir riesgos de robos y demás daños, debería, en mi opinión, implicar la consulta profesional a empresas especializadas en protocolos de seguridad para museos”, responde Israel Suárez, de Técnica Aseguradora Internacional, para que quien “un buen protocolo elaborado por empresas especializadas nunca será un gasto, sino una (buena) inversión”. 

En la misma línea, Fernando Barrio, de Names Europe Agencia de Suscripción, opina que los mediadores de seguros “pueden influir en los pasos a seguir recomendando empresas de seguridad y de prevención”. Asimismo, “son un eslabón fundamental para aquellas entidades organizadoras de exposiciones, coleccionistas y museos que, por su tamaño, no disponen de departamentos que puedan analizar los riesgos y ellos pueden ayudar activamente a implementar medidas que protejan su patrimonio”.


 

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