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La jornada de Asitur dejó un mensaje inequívoco: la inteligencia artificial ha dejado de ser un fenómeno exclusivamente digital para materializarse en robots humanoides, vehículos autónomos y sistemas capaces de operar en entornos físicos con autonomía creciente. “Estamos viviendo el momento ChatGPT de las máquinas”, afirmó Javier Sirvent, Technological Evangelist, quien situó el verdadero punto de inflexión en la robótica conectada y en los sistemas que aprenden y actúan en el mundo real.
El concepto de “IA física” articuló buena parte de su intervención. Sirvent describió robots humanoides capaces de interactuar en decenas de idiomas, cumplir la normativa de protección de datos y compartir en red todo lo que aprenden. La idea de escalabilidad quedó condensada en una frase que repitió en varias ocasiones: “Cuando enseñas a un robot, enseñas a un millón”. Según explicó, estos dispositivos ya realizan tareas básicas en entornos reales, como limpieza, transporte interno o asistencia a personas mayores, y su curva de evolución será tan pronunciada que “lo que hoy es un becario, en 18 meses será como un catedrático”.
La movilidad autónoma fue el segundo gran eje de la jornada. Sirvent recordó que Tesla prevé obtener “antes de primavera” la homologación de su sistema de conducción autónoma en Europa, lo que permitiría activar de forma legal funciones avanzadas como el FSD (Full Self-Driving -Supervisado-), un sistema avanzado de asistencia al conductor (nivel 2) que permite al vehículo maniobrar, cambiar de carril, girar, tomar rotondas y estacionar en calles urbanas y autopistas, en todo el territorio comunitario. En paralelo, Waymo -filial de Alphabet- se prepara para entrar en el mercado europeo con robotaxis sin conductor, tras operar millones de kilómetros en ciudades estadounidenses con un registro de siniestralidad mínimo.
El contraste internacional también tuvo peso en su análisis. Mientras Estados Unidos ha tardado más de una década en consolidar flotas autónomas, China ha logrado en apenas seis meses desplegar sistemas comparables para más de 100 millones de usuarios, impulsados por un ecosistema tecnológico que integra cartografía avanzada, sensores de última generación y procesado en tiempo real. La consecuencia, según Sirvent, es clara: “Lo que antes eran pilotos controlados, ahora ya está en la calle, funcionando todos los días”.
La industria de la automoción tampoco escapa a esta transición. Frente a las cerca de 30 horas que requiere fabricar un vehículo en factorías europeas como las de Volkswagen, Tesla ha reducido ese tiempo a 10 horas y fabricantes como BYD o Xiaomi operan ya plantas altamente robotizadas capaces de ensamblar un coche completo en apenas una hora. “Estamos entrando en la era de los ‘smartphones con ruedas’”, resumió Sirvent, donde el software, los datos y la capacidad algorítmica pesan más que la mecánica.
Junto a la robótica física, la jornada dedicó amplio espacio a los sistemas multiagente, capaces de coordinar tareas administrativas o ejecutivas sin supervisión humana directa. Sirvent mostró ejemplos de agentes que gestionan correos, analizan gastos, elaboran informes, realizan llamadas o incluso publican “ofertas de trabajo” para que otros agentes las ejecuten. “Máquinas que contratan personas”, resumió. Aunque su implantación aún es incipiente, advirtió de que esta automatización no sustituye empleos completos, sino fragmentos enteros de la jornada en profesiones basadas en gestión, documentación y decisiones repetitivas.
El impacto en el empleo y en la organización empresarial centró parte del debate. Las tareas repetitivas y predecibles, especialmente en perfiles de “cuello blanco”, figuran entre las más expuestas. “Las máquinas son brutales en lo repetitivo”, afirmó, si bien reconoció que persisten problemas de alineamiento cuando los robots operan en entornos físicos complejos, con comportamientos no previstos o respuestas descontextualizadas.
La sesión incorporó también la perspectiva de los oficios manuales. España afronta un déficit creciente de profesionales en fontanería, electricidad o albañilería, en un parque inmobiliario envejecido —con cerca del 80% de las viviendas de más de 50 años— y bajo la presión europea de rehabilitar millones de edificios antes de 2033. En paralelo, los robots humanoides comienzan a demostrar capacidades prácticas como subir escaleras o replicar tareas tras observar a un humano. “Tu mayor competidor ya no tiene NIF. Tiene placas base. Y trabaja 24/7”, ironizó el experto. José Muñoz, ‘Josete’, divulgador y “embajador de la reparación”, subrayó la necesidad de reforzar la formación y prestigiar las carreras técnicas ante una demanda creciente y una oferta de especialistas menguante.
Las conclusiones para el seguro fueron directas. La convergencia entre robótica inteligente, movilidad autónoma y automatización de procesos transformará la gestión de siniestros, la asistencia y la evaluación del riesgo. Vehículos que no se accidentan por distracciones humanas, robots que generan nuevas tipologías de responsabilidad civil o agentes digitales capaces de comunicarse con sistemas internos de las aseguradoras son algunos ejemplos del escenario emergente. A ello se suma la adaptación de los modelos de fraude, el rediseño de coberturas y la actualización de protocolos periciales ante un mundo donde los daños pueden generarse y documentarse de formas completamente nuevas. “Todo esto es real”, insistió Sirvent, subrayando que el debate ya no pertenece a la ciencia ficción, sino al presente operativo de compañías y clientes.