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El mercado de la Responsabilidad Civil vive una aparente paradoja: la capacidad disponible se mantiene holgada —incluso con exceso de capacidad— y empuja un entorno competitivo que presiona a la baja las primas, pero el perfil del siniestro se está endureciendo por severidad, complejidad y potencial de acumulación. Esto lleva a más disciplina técnica, más vigilancia de agregados y un diseño de coberturas donde límites, sublímites y exclusiones se utilizan para ordenar el riesgo y evitar sorpresas.
Limite
La capacidad no parece ser hoy el cuello de botella del ramo, al menos en nuestro país. “En el momento actual nos encontramos en una situación de exceso de capacidad en el mercado de Responsabilidad Civil”, afirma Carolina González Martín del Río, subdirectora técnica de Responsabilidad Civil de Empresas de Mapfre España, que atribuye este escenario a “la entrada de nuevas aseguradoras”, con un “mercado blando” y una “competencia muy intensa” que “está presionando a la baja las primas”.
Los ajustes de precio no siempre responden a una justificación técnica, porque la siniestralidad, lejos de mejorar, muestra señales de incremento tanto en complejidad como en coste, con un factor especialmente sensible. En otras palabras, el riesgo no se está reduciendo al ritmo que lo hace la prima.
Ese desacople abre una pregunta incómoda para la sostenibilidad técnica: cómo mantener un mercado competitivo cuando el coste potencial del siniestro escala y los procesos de reclamación se vuelven más largos y complejos.
HISCOX
“La regulación incrementa la exposición efectiva, incluso en actividades tradicionalmente consideradas de bajo riesgo”
Aun con capacidad suficiente, el mercado está reforzando el control sobre el capital y las exposiciones agregadas. Desde Hiscox España se describe un entorno en el que las aseguradoras aplican “una mayor disciplina técnica” y gestionan “de forma más activa tanto el capital como las exposiciones agregadas”. La explicación está en la naturaleza del riesgo actual: “cada vez más interconectados y con potencial de acumulación”.
En ese contexto, la capacidad se ofrece de manera más selectiva, priorizando riesgos bien definidos y con un perímetro de exposición claro. Pero esta selectividad no equivale necesariamente a un cierre del grifo, sino a un mercado más fino en la delimitación: más control de acumulaciones, definición más precisa del apetito de riesgo y ajustes continuos en las condiciones con el objetivo de sostener el mercado a largo plazo.
En este escenario, el debate sobre exclusiones y agregados se entiende menos como una contracción general de coberturas y más como una herramienta de ingeniería del riesgo. “Desde el punto de vista de las entidades aseguradoras es imprescindible adoptar una política de suscripción de riesgos rigurosa”, subrayan desde Mapfre España, con especial foco en el “análisis previo de la actividad y su exposición real” y en la “adecuación de límites, sublímites y agregados a la naturaleza del riesgo”.
Carolina González (Mapfre):
“En un contexto de riesgos cada vez más interconectados y con potencial de acumulación, la capacidad se ofrece de manera más selectiva”
Dentro de las líneas de negocio, el comportamiento no es uniforme. En construcción, por ejemplo, Bartolomé Mayol, subdirector general de Musaat, describe una evolución más estable. “En este último año no hemos observado grandes cambios en el mercado respecto de la cobertura de la responsabilidad civil del sector de la edificación y de la construcción”, señala.
Lo que sí aparece como tendencia es un endurecimiento de las exigencias en capital asegurado: “Observamos unos mayores requerimientos de suma asegurada por parte de los promotores hacia los técnicos y colaboradores que contrata”.
Aunque el comentario se circunscribe a un segmento concreto, encaja con la lógica general del mercado: cuando crece la sensibilidad por el coste potencial del siniestro, los compradores de seguros —directamente o a través de exigencias contractuales— tienden a subir los límites.
En siniestralidad, el patrón más repetido no es el de una explosión generalizada de la frecuencia, sino una estabilidad con matices. “En los últimos ejercicios observamos una estabilidad relativa en la frecuencia de los siniestros de Responsabilidad Civil”, indican desde Musaat, destacando además que la RC profesional se mantiene como el producto con mayor número de siniestros declarados.
El principal movimiento del mercado está en otra variable: el coste y la severidad muestran una tendencia claramente alcista. Hay un aumento sostenido de los importes reclamados y de la siniestralidad incurrida, especialmente en reclamaciones complejas y de larga duración. Además, los siniestros “tienden a ser menos predecibles y más severos”, impulsados por una “mayor interconexión entre riesgos operativos, tecnológicos y regulatorios”, como puntualizan en Hiscox. Incluso cuando la frecuencia varía por riesgo y geografía, el principal impacto se concentra en la severidad y en la acumulación de pérdidas derivadas de un mismo evento”.
La lectura técnica es que aumenta el riesgo de acumulación y, con él, la necesidad de vigilar agregados, sublímites y definiciones, precisamente los elementos que hoy se están reforzando en la arquitectura de póliza.
Bartolomé Mayol (Musaat)
“La estabilidad en la frecuencia contrasta con una tendencia alcista en el coste medio y en la severidad de los siniestros”
Las áreas donde se percibe con mayor claridad el salto en severidad se concreta en Responsabilidad Civil Profesional, con reclamaciones por daños patrimoniales puros y siniestros con componente reputacional o tecnológico o uso de la IA.
Al mismo tiempo, se reconoce la influencia de factores externos que inflan el coste final: incremento de costes judiciales, mayor información de los reclamantes —cada vez más conscientes de sus derechos— y alargamiento de los procesos de reclamación y resolución.
Un siniestro largo y complejo no solo cuesta más, también es más difícil de gestionar, defender y cerrar. Y esa realidad, en un mercado de primas presionadas, empuja a la disciplina técnica y a la selectividad de capacidad descritas anteriormente.
El marco regulatorio aparece como catalizador, no tanto por reformas “sustantivas” específicas de RC, sino por una exigencia transversal. Bartolomé Mayol (Musaat) destaca la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2025, de eficiencia del Servicio Público de Justicia, por su impacto “directo en la gestión de siniestros de RC”: introduce la obligatoriedad de acudir a MASC como requisito de procedibilidad, plazos “más breves y estructurados” en fases precontenciosas y una orientación a reducir litigiosidad judicial.
Este marco puede alterar los tiempos de maduración de los siniestros, incrementar actividad en fases extrajudiciales y exigir “mayor agilidad operativa” en la gestión temprana.
En paralelo, hay un impacto creciente de la normativa de protección de consumidores y usuarios y de la aplicación de la Directiva de Productos Defectuosos, que eleva la exigencia de diligencia y deberes de información a consumidores. Estos y otros marcos normativos más exigentes amplían “el perímetro de responsabilidad” y refuerzan las obligaciones de gobernanza, control y diligencia por parte de las entidades, con “impacto directo” en la gestión del riesgo y en el coste potencial del siniestro, concluyen en Hiscox.