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La asistencia se ha consolidado como uno de los elementos clave sobre los que se apoya la propuesta de valor del sector asegurador español. Es en este ámbito donde la promesa del seguro se transforma en experiencia real para el cliente y donde más intensamente se revelan las fortalezas, pero también las tensiones sobre la cadena de valor. La evolución del mercado en los últimos años ha estado marcada por transformaciones económicas, tecnológicas, climáticas y operativas que han convertido la asistencia en un terreno exigente, en el que confluyen incrementos de costes, presiones en la capacidad de respuesta, un cliente cada vez más demandante y una red de profesionales sometida a un desgaste estructural difícil de revertir. El resultado es un sector en plena transición, obligado a revisar modelos, invertir en digitalización, profesionalizar aún más las redes y responder a un contexto en el que los siniestros son más complejos, los recursos más escasos y el entorno menos predecible.
Limite
Hoy, los operadores del mercado se enfrentan a una combinación de retos que afectan de manera transversal a todas las modalidades de asistencia. La inflación, que mantiene una trayectoria prolongada en materiales, mano de obra, energía y transporte, ha tensionado la estructura de costes hasta niveles que ponen en riesgo la sostenibilidad económica de algunos modelos de prestación. En ámbitos como la reparación de vehículos, el mantenimiento del hogar o los servicios técnicos especializados, los precios han crecido por encima del IPC general en distintos periodos, lo que evidencia que el incremento de costes avanza más rápido que las tarifas habituales de intervención. Esta situación, lejos de ser coyuntural, se ha convertido en un problema estructural cuya gestión requiere revisar baremos, adaptar modelos operativos y mejorar la eficiencia en la asignación de recursos.
Paralelamente, uno de los retos más graves es la escasez de mano de obra cualificada. La falta de relevo generacional en oficios como fontanería, cerrajería, electricidad, albañilería, instalaciones técnicas o reparación avanzada de vehículos ha reducido de forma significativa la disponibilidad de profesionales. Las nuevas generaciones muestran menos interés por estos oficios y otros sectores —como la construcción o el mantenimiento industrial— resultan más competitivos en salario y condiciones. El resultado es un ecosistema en el que los tiempos de intervención se alargan, la capacidad de respuesta se ve comprometida en picos de demanda y la calidad del servicio depende, cada vez más, de la retención y la fidelización de profesionales experimentados. Esta carencia afecta tanto al hogar como al auto, y también a modalidades emergentes donde la atención domiciliaria y los servicios a la dependencia requieren perfiles específicos difíciles de encontrar.
Complejidad creciente
A esta tensión se suma la creciente complejidad técnica de los siniestros. Las viviendas actuales incorporan instalaciones más avanzadas —climatización inteligente, energías renovables domésticas, domótica o materiales más específicos— que exigen profesionales versátiles y con conocimientos multidisciplinares. Los vehículos de última generación, especialmente los electrificados, añaden baterías de alto voltaje, electrónica embarcada, sensores, sistemas ADAS y componentes que requieren equipamiento especializado y protocolos estrictos. En el ámbito del viaje, los casos médicos internacionales implican estancias hospitalarias más prolongadas, patologías más costosas y necesidades logísticas que elevan la dificultad operativa. El resultado es un entorno en el que reparar, asistir o resolver ya no es solo una cuestión de disponibilidad, sino de capacitación técnica y actualización permanente.
El clima constituye otro factor determinante. Los eventos extremos, más frecuentes e intensos, saturan las redes operativas y obligan a activar dispositivos extraordinarios. Inundaciones, lluvias torrenciales, viento o episodios de granizo multiplican los siniestros en cuestión de horas. La acumulación, tanto en intensidad como en frecuencia, complica la planificación. Además, con más teletrabajo y mayor uso de las viviendas, el número de incidencias domésticas se incrementa, lo que aumenta aún más la demanda de asistencia en momentos críticos.
A estos retos se suma una aceleración en la digitalización que ha cambiado de manera irreversible los procesos de gestión del siniestro. Ya no se trata solo de abrir un parte por canales digitales, sino de gestionar de forma automatizada procesos como la selección de proveedores, el análisis de fotografías, la teleperitación, la clasificación documental o la determinación automática de indemnizaciones. La inteligencia artificial se está convirtiendo en una herramienta esencial para lograr eficiencia y agilidad. Sin embargo, su adopción real exige superar barreras culturales y técnicas: muchos profesionales necesitan formación específica para integrarla en su trabajo diario, y el desafío consiste en hacerlo sin comprometer la calidad técnica ni deshumanizar la experiencia del cliente.
Así con todo, la experiencia del cliente se ha convertido en un criterio determinante. Los usuarios exigen rapidez, claridad en la información y una resolución eficaz que minimice molestias y tiempos muertos. Ya no basta con llegar pronto: el cliente quiere saber qué está ocurriendo, cuál será el siguiente paso y cuánto tardará en resolverse su problema. Esta necesidad de transparencia es especialmente importante en los siniestros que requieren reparación, donde la trazabilidad del proceso es clave. La asistencia se ha convertido así en un factor de fidelización decisivo.
El caso particular de la reparación afronta un conjunto de retos que, por su profundidad, condicionan la calidad del servicio y la sostenibilidad económica de todo el ecosistema de asistencia. La digitalización y la inteligencia artificial están transformando los procesos, desde la clasificación automática de siniestros hasta la selección del proveedor más adecuado según criterios de coste y calidad. Su adopción exige invertir en formación y en nuevas herramientas que permitan a los profesionales integrarlas sin perder la precisión técnica que requiere la intervención física. La presión sobre los costes, impulsada por el encarecimiento de materiales, recambios y mano de obra, obliga a revisar periódicamente los baremos para evitar la fuga de profesionales hacia otros sectores más rentables. La escasez de mano de obra cualificada acentúa esta problemática: la falta de relevo generacional y el envejecimiento del colectivo técnico reducen la capacidad de respuesta del mercado, especialmente en momentos de alta demanda.
La coordinación entre los distintos actores —asegurados, plataformas de asistencia, técnicos, peritos e investigadores— resulta crucial. Cuando esta coordinación falla, se multiplican los retrasos, los reprocesos y la insatisfacción del cliente. La estructura del mercado plantea además diferencias entre operar con redes propias o con modelos basados en subcontratación. Las primeras permiten un mayor control sobre la calidad y los tiempos; las segundas aportan flexibilidad, pero pueden introducir heterogeneidad en los estándares técnicos.
La complejidad creciente de las reparaciones eleva el nivel de exigencia. En el vehículo, la presencia de electrónica avanzada, sensores, baterías y sistemas ADAS requiere personal altamente especializado y equipamiento certificado. En el hogar, las nuevas instalaciones domóticas, los sistemas de climatización modernos y las energías renovables domésticas exigen capacidades multidisciplinares. El cliente, entretanto, demanda cada vez más transparencia: quiere conocer el estado de la reparación, los plazos estimados y los pasos que seguirán los técnicos. Esta necesidad de información clara contribuye a reducir reclamaciones y mejora la percepción del servicio.
La prevención del fraude sigue siendo uno de los retos centrales. Persisten intentos de sobredimensionamiento del daño, siniestros simulados o duplicados, y la tecnología —especialmente la basada en inteligencia artificial— se ha convertido en una herramienta esencial para detectarlos a tiempo. En conjunto, la reparación se sitúa en el núcleo de la cadena de asistencia, y su evolución determina buena parte de la calidad del servicio que percibe el asegurado. Por ello, afrontar estos retos de manera estructural es imprescindible para garantizar un sector más sólido, eficiente y sostenible.
Autos
Si bien estos elementos afectan a todo el mercado, cada modalidad presenta retos propios. En el caso de la asistencia en automóvil, la presión por mantener tiempos de llegada aceptables es uno de los principales desafíos. La saturación del tráfico, la dispersión territorial, la existencia de picos estacionales y el incremento del envejecimiento del parque automovilístico dificultan la prestación de un servicio rápido. Además, la transformación digital ha introducido procesos como la teleperitación, el seguimiento digital del siniestro o la reparación concertada, que requieren una coordinación estrecha entre plataformas de asistencia, talleres y operadores logísticos.
A ello se añade el aumento del coste por kilómetro asistido, que se ha incrementado debido al encarecimiento del combustible, del mantenimiento de flotas y del equipamiento necesario para atender averías más complejas. El sector se encuentra, además, inmerso en la adaptación a vehículos cada vez más sofisticados, especialmente los electrificados, cuyas baterías y sistemas electrónicos requieren equipamiento y formación especializada para garantizar intervenciones seguras y eficaces.
Hogar
La asistencia en hogar muestra de manera más intensa las tensiones del mercado. Mantener estándares elevados de calidad se ha vuelto más difícil en un contexto de escasez de profesionales y aumento del coste de materiales. La sostenibilidad económica depende, en gran medida, de actualizar baremos que permitan retener a los operarios mejor cualificados, evitando que migren a sectores con mayor rentabilidad por hora trabajada. A ello se suma la implantación creciente de nuevos modelos operativos basados en la peritación digital, la indemnización acordada o la reparación prioritaria frente a la sustitución. Estos modelos permiten ganar agilidad, pero requieren un equilibrio entre rapidez y control técnico, ya que un exceso de automatización puede conducir a soluciones superficiales que deterioren la satisfacción del asegurado.
Viaje
En el ámbito de la asistencia en viaje, los retos son de carácter global. El aumento de los costes médicos internacionales, los desplazamientos sanitarios, los alojamientos imprevistos y las repatriaciones ha elevado de manera significativa el coste medio de los siniestros. En muchos destinos, estos incrementos superan ampliamente la inflación general. La digitalización ha introducido herramientas como la telemedicina, la geolocalización del viajero o el seguimiento del caso en tiempo real, que agilizan los procesos, pero requieren una coordinación global entre redes médicas, proveedores internacionales y plataformas de asistencia. La sostenibilidad económica en este ramo depende tanto de la eficiencia operativa como de la capacidad para anticipar escenarios de alta complejidad clínica.
Personas
La asistencia en servicios personales constituye uno de los ámbitos más sensibles, especialmente en un país con un progresivo envejecimiento demográfico. El aumento de personas mayores y la mayor prevalencia de patologías crónicas hace que la demanda de servicios personalizados de atención domiciliaria crezca de forma continua. El reto consiste en ofrecer soluciones sostenibles y técnicamente adecuadas sin comprometer la seguridad ni la calidad del servicio. Aquí, la profesionalización del personal y la integración de tecnologías de apoyo resultan esenciales.
En conjunto, el mercado de la asistencia se ve obligado a evolucionar. La combinación de presión inflacionaria, complejidad técnica, nuevas expectativas del cliente y escasez de mano de obra exige a los operadores invertir en digitalización, incorporar inteligencia artificial de forma responsable, revisar sus modelos de coste, atraer y formar talento joven, mejorar la transparencia, reforzar la coordinación entre actores y desarrollar capacidades predictivas que permitan anticipar picos de demanda. La sostenibilidad futura del sector dependerá, en gran medida, de su capacidad para avanzar hacia modelos que prioricen la eficiencia, la especialización y la recuperación del daño frente a la sustitución. La asistencia, más que nunca, se ha convertido en un indicador clave de la calidad de un seguro y en uno de los elementos que más contribuyen a generar confianza y fidelidad entre los asegurados.