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El mercado de reaseguro en España atraviesa un momento de estabilidad y madurez tras varios ejercicios de ajustes técnicos y endurecimiento de condiciones. La disciplina suscriptora, la mejora de los resultados y la abundancia de capacidad caracterizan un entorno que, sin ser exuberante, muestra signos claros de consolidación. De cara a las próximas renovaciones, el mercado muestra signos de moderación en tasas y coberturas, aunque sin señales concluyentes de un giro hacia un ciclo blando. En cuanto a ramos, el impacto de eventos recientes y normativos, como la nueva Ley 5/2025 o la revisión del baremo sitúan a Autos en el foco de tensión de cara al próximo ejercicio.
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Después de años convulsos y de endurecimiento, el mercado reasegurador español atisba unos ejercicios de moderada tranquilidad. La opinión de reaseguradoras, cedentes y brókeres de reaseguro nos muestras que el apetito inversor se mantiene, los niveles de capital son sólidos y las aseguradoras encuentran respaldo suficiente para cubrir sus riesgos, incluso en un contexto de incertidumbre macroeconómica y nuevos desafíos emergentes.
Los directivos consultados coinciden en que, de cara al medio plazo, la capacidad tenderá a mantenerse o crecer de forma selectiva, impulsada por una gestión más técnica, una mayor exigencia en la calidad del riesgo y una apuesta decidida por la sostenibilidad y la diversificación.
En líneas generales, coinciden en que la situación actual del reaseguro, tanto a escala global, como nacional, es de estabilidad. La rentabilidad técnica ha mejorado, las grandes catástrofes han sido limitadas y el capital disponible se mantiene en niveles históricamente altos. Este contexto ha devuelto confianza a los mercados y ha favorecido un entorno más predecible, donde la gestión prudente del riesgo y la sostenibilidad del negocio vuelven a situarse en el centro de la estrategia.
Uno de los rasgos más destacados del momento actual es la consolidación de una disciplina técnica rigurosa. Tras el ciclo de endurecimiento vivido en los últimos años, las reaseguradoras han reforzado su enfoque en la rentabilidad y la calidad de las carteras. Esta tendencia no implica escasez de capacidad, sino una asignación más precisa del capital. Las líneas de negocio con resultados sólidos o menor volatilidad encuentran condiciones estables o incluso más favorables, mientras que aquellas con siniestralidad elevada o riesgos emergentes, como el cibernético o el climático, se enfrentan a exigencias mayores en términos de precio, retención o cobertura.
En cuanto a la capacidad, a nivel global, la industria vive una etapa de resultados récord. Los buenos márgenes técnicos y financieros han atraído nuevo capital, tanto tradicional como alternativo, lo que se traduce en una abundancia de capacidad. Los fondos estructurados y los instrumentos vinculados a seguros refuerzan esta tendencia expansiva, aportando mayor flexibilidad al mercado.
En este contexto, España se beneficia de forma directa. Al tratarse de un mercado con buen comportamiento histórico y bajo consumo de capital, los expertos anticipan un incremento del apetito reasegurador en las próximas renovaciones, acompañado de una ligera expansión de la capacidad disponible. El interés de nuevos intermediarios y actores internacionales añade, además, un elemento adicional de dinamismo y competencia.
España se distingue por ser un mercado maduro, con una sólida regulación y un ecosistema de actores altamente profesionalizado. A diferencia de otros países, más expuestos a riesgos catastróficos, la capacidad de reaseguro en nuestro país nunca se ha enfrentado a tensiones estructurales. Ello se traduce en una oferta estable, donde la competencia se articula más por criterios técnicos y de servicio que por disponibilidad de capital. La estructura particular del sistema español, caracterizada por el papel del Consorcio de Compensación de Seguros, ha contribuido históricamente a mantener una base estable de programas y a limitar la volatilidad del mercado. Esta circunstancia, según coinciden los expertos, reduce la presión sobre las condiciones y favorece un entorno predecible tanto para cedentes como para reaseguradoras.
Aunque el panorama es positivo, existen factores que podrían incidir en la evolución del mercado en el medio plazo. Entre ellos, destacan la incertidumbre macroeconómica, la persistencia de la inflación o la aparición de riesgos emergentes de difícil modelización. Las reaseguradoras mantienen en su radar la exposición a eventos catastróficos, el impacto de los riesgos climáticos secundarios, la volatilidad en los ramos de responsabilidad civil y el desarrollo del riesgo cibernético, cuyo crecimiento plantea desafíos técnicos y de capitalización.
De cara a los próximos años, se prevé un mantenimiento de la capacidad global, con posibilidades de crecimiento moderado y selectivo. El entorno seguirá marcado por la búsqueda de rentabilidad sostenible y por una mayor exigencia en la calidad de la información que aporten las cedentes. Transparencia y solidez de los datos de suscripción se consolidan como factores críticos en la relación entre aseguradoras y reaseguradores.
Asimismo, la gestión del riesgo bajo criterios ESG gana peso en las decisiones estratégicas. La sostenibilidad ya no es solo una cuestión reputacional, sino un elemento que condiciona la asignación de capital y la valoración de los programas.
Tras varios años de endurecimiento, el mercado de reaseguro se aproxima a un punto de inflexión. Las renovaciones que se preparan para el próximo ejercicio apuntan a una cierta moderación en tasas y coberturas, pero sin señales concluyentes de un cambio de ciclo. Los directivos coinciden en que el escenario actual combina mayor flexibilidad en determinados segmentos con una firme continuidad de la disciplina técnica. No se trata, todavía, de un mercado “blando”, sino de una fase de ajuste pausado tras los años más duros del ciclo anterior.
Y es que la industria del reaseguro llega a las próximas renovaciones en una posición sólida, con capital abundante, buenos resultados y una rentabilidad sostenida. Esta fortaleza ha devuelto confianza a los mercados y favorece una mayor disposición a competir, especialmente en líneas con buen comportamiento técnico. Sin embargo, la estabilidad no implica relajación. Las reaseguradoras mantienen criterios exigentes en suscripción, límites y coberturas, con especial cautela en ramos donde persisten incertidumbres, como los riesgos catastróficos o de alta siniestralidad.
La sensación general es que las condiciones tienden a estabilizarse. En algunos segmentos se observa, incluso, una ligera corrección a la baja en tasas, impulsada por el exceso de capacidad y la presión competitiva. Pero este ajuste se da de forma selectiva, condicionado por la calidad técnica del negocio y la información disponible. La flexibilidad no surge por inercia cíclica, sino como consecuencia del equilibrio financiero alcanzado y de la búsqueda de sostenibilidad a medio plazo.
En términos generales, el mercado parece orientarse hacia un ciclo más benigno, aunque sin perder la cautela. Algunas áreas del reaseguro facultativo y del negocio industrial directo muestran ya síntomas de mayor competencia, impulsados por la entrada de nuevos actores y la búsqueda de diversificación.
Paralelamente, el segmento de retrocesión mantiene el apetito, con expectativas de mayor contratación de coberturas catastróficas, lo que contribuiría a reforzar la estabilidad del mercado.
No obstante, la transición hacia un mercado blando, si llega, será gradual y controlada. Las reaseguradoras pretenden evitar que la mejora coyuntural derive en una erosión de precios que comprometa la sostenibilidad en el largo plazo. El equilibrio entre flexibilidad y disciplina será, por tanto, el eje central de las próximas negociaciones.
A diferencia de otros mercados más expuestos a catástrofes, el reaseguro español tiende a vivir ciclos menos pronunciados: ni los periodos duros son tan restrictivos, ni los blandos tan expansivos. Esta característica se refleja ahora en unas renovaciones que apuntan hacia la moderación, pero sin rupturas abruptas. El mercado español estará atento a las modificaciones en la normativa de seguros obligatorios o en el baremo de daños personales, que podrían alterar el equilibrio técnico en el ramo de Autos, y exigir ajustes adicionales en las estructuras de reaseguro.
En líneas como Vida o ciertos ramos personales, se espera un entorno algo más flexible, gracias a su buen desempeño técnico y a la abundancia de capacidad en el mercado global. Pero el consenso es claro: la prudencia seguirá guiando las decisiones de los reaseguradores.
En cualquier caso, el principio dominante de las próximas renovaciones será la rigurosidad en la selección. Los programas con resultados favorables, información detallada y gestión técnica consistente tienen margen para negociar mejoras. En cambio, las carteras con siniestralidad elevada o exposiciones complejas se seguirán enfrentando a condiciones más estrictas.
Esta tendencia se refuerza con un mensaje reiterado: la flexibilidad debe sustentarse en la calidad del riesgo. Los reaseguradores no buscan replicar un ciclo de precios blandos como en décadas anteriores, sino consolidar un equilibrio que preserve la rentabilidad y la estabilidad del sistema. De hecho, varios expertos subrayan que los mayores ajustes vendrán más por diferenciación técnica que por competencia de precios.
De cara a las próximas renovaciones, el mercado presenta un mapa tarifario fragmentado: mientras que algunos ramos muestran señales de moderación por exceso de capacidad, otros mantienen una clara presión alcista por cambios regulatorios, acumulación de riesgo y volatilidad. Reaseguradoras, cedentes y brókeres coinciden en que la evolución dependerá, en buena medida, de la calidad técnica de cada programa, la disponibilidad de datos y el impacto de eventos recientes y normativos, como la nueva Ley 5/2025 y la revisión del baremo, que sitúan a Automóviles en el foco de tensión.
El consenso entre las distintas partes implicadas dibuja un mercado donde coexisten dinámicas opuestas: capacidad abundante y apetito por participar, frente a una suscripción más selectiva y exigente.
De cara a las renovaciones, las reaseguradoras sitúan la mayor presión al alza en D&O y ciber, por la combinación de volatilidad, litigiosidad y creciente frecuencia de ataques. Los contratos de Automóviles, y en particular las capas XL, son otro foco de atención tras la actualización indemnizatoria y los cambios normativos: la necesidad de revisar tarifas y estructuras es recurrente en sus análisis.
En Daños Materiales, la presión es “quirúrgica”: los programas con componente catastrófico o fuertes concentraciones geográficas soportan aumentos. Vida y ramos personales muestran, por lo general, mayor estabilidad en tarifa, aunque existe demanda por mayor flexibilidad en condiciones y servicios. En términos generales, las reaseguradoras reclaman mejores modelos y datos ajustados a la realidad local para valorar correctamente exposiciones catastróficas.
Las aseguradoras cedentes, por su parte, perciben una doble realidad: por un lado, una mayor oferta y apetito de capital, que facilita condiciones en ramos masa y, por otro, una presión notable en líneas sensibles. Automóviles lidera las preocupaciones, por los citados cambios en el baremo y en la ley de RC.
Los programas CAT también están en el punto de mira, mientras que Ciber continúa siendo un ramo errático: pasó de escasez de capacidad a una amplia oferta, pero la volatilidad hace que las tarifas sigan tensas en mercados con siniestralidad reciente. En síntesis, las cedentes apuntan a una negociación muy dependiente del perfil técnico de cada cartera.
Por último, los brókeres destacan que la nueva regulación de Autos y la siniestralidad serán temas centrales en las negociaciones. Su valor añadido se concentra en el análisis técnico que permite a las aseguradoras defender sus programas ante los mercados.
Algunos brókeres anticipan una presión a la baja generalizada por la competencia y la llegada de nueva capacidad, aunque matizan que Autos y Salud registran, por motivos propios, presión alcista; otros subrayan que Daños y ciertas líneas financieras están sometidas a presión de precios por competencia sostenida. Asimismo, creen que la entrada de nuevos actores puede empujar hacia condiciones más flexibles, pero advierten que cualquier ablandamiento será selectivo y condicionado por la solidez técnica de las cuentas.