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A finales de octubre de 2024, la DANA arrasó la Comunidad Valenciana en apenas dos días, dejando tras de sí inundaciones, pérdidas materiales y un dolor difícil de medir. Hoy, Zurich mira atrás para convertir aquel desastre en aprendizaje a través de su informe PERC (Post Event Review Capability), un análisis que busca anticipar lo que aún podría venir y propone medidas de mitigación del riesgo. El trabajo ha sido elaborado junto con la Z Zurich Foundation y el equipo Asertos, que agrupa a Arquitectura sin Fronteras, Quoatorze, Enpeu y la Universidad de Valencia.
La sesión fue inaugurada por Vicente Segrelles, director Territorial Este y Baleares de Zurich. “La DANA puso en jaque la capacidad de respuesta del ecosistema asegurador y obligó a activar de inmediato comités de crisis y planes de emergencia”, afirmó. Segrelles destacó también la importancia de la solidaridad ciudadana y de la colaboración entre aseguradoras, así como la rapidez en la tramitación.
El núcleo de la jornada se centró en el informe PERC, presentado por Roberto Hernández, director de Siniestros de Zurich y embajador del informe. Hernández explicó que la metodología PERC busca extraer lecciones operativas y estratégicas, sin señalar culpables, para mejorar la capacidad de respuesta ante futuros eventos extremos. “Nuestra obsesión fue ayudar”, señaló. La compañía desplegó más de 100 voluntarios, habilitó bases operativas en la zona y puso a disposición del Consorcio 400 peritos. Además, empleó comunicaciones digitales -SMS y WhatsApp- para localizar vehículos desaparecidos y agilizar la tramitación de siniestros, priorizando a familias y pequeños negocios en situación de vulnerabilidad.
Por su parte, Daniel Millor, Premio Social Princesa de Girona 2024, arquitecto y coordinador del Programa Asertos, explicó la metodología técnica del PERC, basada en revisión documental, entrevistas en profundidad y análisis de datos para identificar buenas prácticas y barreras. Según indicó, el riesgo extremo se define como la combinación de exposición, intensidad del evento y vulnerabilidad social, económica y residencial. En la DANA de Valencia, la exposición era alta, la intensidad del fenómeno excepcional -con acumulaciones de hasta 772 mm en 24 horas- y la vulnerabilidad amplificó los daños. “Los datos más trágicos son los de capital humano: 237 fallecidos, más de 2.600 heridos y un impacto psicosocial que sigue presente meses después”, subrayó.
Zurich anunció en la jornada una iniciativa solidaria para Andalucía, recientemente afectada por fuertes lluvias. A través de la Z Zurich Foundation y la fundación Betania, ha activado una campaña de donaciones para apoyar a unas 11.000 familias desalojadas. La acción combina aportaciones de empleados, clientes y mediadores, con “un match” de la fundación que duplica las donaciones, además de la activación del Fondo de Emergencias y puntos de recogida de artículos esenciales en Sevilla y Málaga.
El informe PERC identifica fallos importantes en la preparación y coordinación institucional. Entre ellos destacan: planes de emergencia municipales desactualizados o no ensayados; rutas de evacuación no adaptadas a colectivos vulnerables; falta de interoperabilidad digital entre Administraciones; ausencia de redundancia en los sistemas de alerta; y descoordinación entre órganos de mando como Ticopi, Ticopal y puestos de mando avanzados. Aunque la intervención de la Unidad Militar de Emergencias fue eficaz en ciertos municipios, la respuesta fue desigual, generando sensación de abandono en algunas zonas.
Sin embargo, el informe también pone en valor la respuesta comunitaria. Redes vecinales y voluntariado espontáneo fueron fundamentales para mitigar los efectos iniciales del desastre, aunque Millor alertó sobre la necesidad de coordinar estos recursos con los equipos profesionales. “La resiliencia no es solo infraestructura dura, sino también cultura preventiva, coordinación institucional y aseguramiento adecuado”, añadió.
Entre las recomendaciones estratégicas, el PERC plantea auditorías externas periódicas de planes de emergencia, simulacros obligatorios con mando único, creación de oficinas de asesoramiento científico, interoperabilidad digital, redundancia en sistemas de alerta y la aplicación del principio ‘Build Back Better’ en la reconstrucción, priorizando soluciones basadas en la naturaleza y la equidad territorial. Además, se subraya la necesidad de reforzar el apoyo psicosocial y la cobertura aseguradora, especialmente en zonas de riesgo y entre colectivos vulnerables.
La jornada también sirvió para poner en valor el papel del seguro como infraestructura financiera clave en la resiliencia ante fenómenos extremos. Hernández recordó que, pese a que el 75% de los riesgos estaban asegurados, el 25% restante corresponde a hogares y pequeños negocios sin cobertura o infrasegurados. En este sentido, resaltó, la Mediación juega un papel esencial para cerrar la brecha aseguradora y mejorar la protección de la población.
La conclusión compartida en la jornada fue clara: los fenómenos extremos no se pueden evitar, pero sí se pueden mitigar sus impactos si la preparación, la coordinación, la ciencia y la anticipación están a la altura del riesgo. Como señaló Millor, “el objetivo es que futuros eventos no se conviertan en catástrofes, construyendo resiliencia tanto en la infraestructura como en las comunidades”.