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Juan Antonio Martínez Gijón
Socio de AMG Human y Sportalent - juanantoniomartinez@amghuman.com
¿A que todos nos hemos planteado en algún momento las razones por las que nos cuesta tanto decir “No” a otra persona? La posible respuesta está en el miedo al rechazo, en la necesidad constante de aprobación o simplemente porque preferimos evitar una incomodidad emocional. A nivel profesional, un “No” nos expone a pensar que podemos perder oportunidades, a sobreestimar nuestra capacidad creyendo que podemos abarcarlo todo —hasta que llega el estrés— o a no tener la suficiente claridad sobre nuestras prioridades.
Decir “Sí”, sin embargo, conlleva recompensas inmediatas: la otra persona se alegra, nosotros nos sentimos útiles y recibimos aprobación. Evitamos un conflicto y, al hacerlo, nos sentimos socialmente más aceptados.
Pero la realidad es que muchos de los males actuales vienen de ese no saber decir “No”. Y a ello se suman los problemas que provoca, entre los que destaco la sobrecarga emocional, el estrés, el burnout (síndrome de desgaste profesional), el resentimiento o las relaciones desequilibradas.
Cada cual es libre de decidir qué hacer en cada momento. Pero toda elección implica una renuncia. Y de eso trata la libertad: no es más libre quien se deja llevar sin elegir, sino quien elige sabiendo lo que deja atrás. Tampoco se trata de egoísmo; elegir algo diciendo que “No” a muchas otras cosas está íntimamente relacionado con la generosidad. Santa Teresa de Calcuta es un ejemplo de ello: dijo “No” a lo mundano y dedicó su vida entera a los más necesitados.
Debemos ser conscientes de nuestros límites y aceptar que no siempre vamos a ser reconocidos o valorados por todos. Esto nos aplica a muchos, pero resulta especialmente crucial para los líderes. Imaginemos un directivo que nunca dijera “No”: sería insostenible. Stephen Covey, autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, lo resume así: “Hay que aprender a decir que No para tener el tiempo de decir que Sí a lo importante.” Y Steve Jobs añadía: “Decir No a mil cosas es lo que permite que algo realmente brillante ocurra.”
En el sector asegurador convivimos con el “No”. En mi etapa en compañía aseguradora, recuerdo bien los muchos “Noes” que recibía de los suscriptores cada vez que llegaba con un negocio fuera de lo habitual. Una pequeña anécdota real, pero por supuesto comprendo necesaria para proteger la estabilidad técnica. En mi caso, no decir No en el pasado, me ha traído quebraderos de cabeza o noches como esta (terminando un artículo comprometido).
La asertividad bien entendida —capaz de decir “No” sin culpa y sin explicaciones excesivas— es profundamente sanadora. Reduce el estrés, evita sobrecargas, mejora las relaciones, facilita la negociación y fortalece la autoestima. Es clave tanto en lo personal como en lo profesional y, muy especialmente, en el liderazgo.
Si aprendemos a decir “No”, ganamos algo valioso: la tranquilidad de saber que nuestros “Sí” son de verdad. Y, en un mundo tan ruidoso como el actual, esa autenticidad es quizá el mayor acto de generosidad que podemos ofrecer.
Espléndidas Navidades para todos y un 2026 cargado de alegrías y de “Sí” y “No” responsables.