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Almudena Carreres
Directora de Tecnologías de la Información en Mutua MMT Seguros
La tecnología es ahora un activo estratégico para las compañías en lugar de un gasto auxiliar o de un departamento puramente operativo. Se ha convertido en el pilar sobre el que se sostiene la competitividad empresarial. Sin embargo, detrás de este concepto existen diferentes roles que, aunque comparten objetivos comunes, operan desde perspectivas muy distintas.
Me gustaría analizar dos perfiles clave cuando hablamos de tecnología, basándome en el desempeño de ambos durante mi propia experiencia profesional: el consultor tecnológico externo que asesora; y el responsable de tecnología dentro de la organización.
Por un lado, el consultor tecnológico externo aporta una mirada fresca y especializada, su misión es acompañar a las empresas en los procesos de transformación, proponiendo soluciones innovadoras y adaptadas a cada contexto. Influye en decisiones críticas que marcan el futuro del negocio, pero no siempre convive con las consecuencias cotidianas de sus implementaciones, ya que no gestiona la operación diaria.
Por otro lado, nos encontramos el liderazgo interno (CIO, CTO, Directores de IT). Estas figuras son esenciales para garantizar que la tecnología esté alineada con la estrategia corporativa. Su responsabilidad es directa: asegurar la continuidad operativa, la seguridad y la eficiencia, al tiempo que impulsan la innovación. Cada decisión que toman impacta directamente en la cuenta de resultados y en la estructura de la organización.
Por tanto, dos tipos de profesionales, importantes y complementarios, ¿cuál ha sido mi experiencia?
Tras una década trabajando en consultoría, ayudando a diversas organizaciones a ejecutar sus decisiones tecnológicas, organizando sus procesos o diseñándolos, pasé al “otro lado”, a la tecnología de compañía, primero a un puesto de responsabilidad y desde hace seis años a la dirección. Este cambio de perspectiva me ha llevado a una conclusión clara: el riesgo y el compromiso se viven de manera diferente.
Cuando colaboras como externo, el foco está en el proyecto; tiene un principio y un fin. Sin embargo, desde dentro, el horizonte es continuo. Como responsable interno tienes que conjugar el “fuego” del corto plazo con levantar la mirada y vislumbrar la estrategia futura. El riesgo lo sientes de manera más directa, el reto es permanente.
Trabajar dentro de una empresa en el área tecnológica no es únicamente gestionar sistemas o implementar soluciones, es vivir el negocio desde dentro, comprender sus dinámicas, retos y objetivos estratégicos. Cuando formas parte de la organización, la mirada deja de ser puramente técnica para convertirse en una mirada de negocio. No piensas solo en la herramienta, sino en cómo esa herramienta contribuye a la competitividad, a la eficiencia y a la experiencia del cliente.
Otro aspecto clave es que el conocimiento generado en este contexto permanece dentro de la empresa. Cada proyecto, cada mejora, cada lección aprendida se acumula como capital intelectual que fortalece a la organización. Este conocimiento se consolida y se convierte en ventaja competitiva. Mientras en entornos externos, como la consultoría, el saber se comparte entre múltiples clientes, dentro de una empresa el know how se reinvierte continuamente. Esto permite construir soluciones más adaptadas, procesos más robustos y una cultura tecnológica que evoluciona con el negocio.
De mi época de consultora me quedo con la inspiración aportada y con la especialización continua que me ha permitido dar siempre el mejor de los consejos o ejecutar de la manera más óptima.
Pero desde dentro disfruto mucho sintiéndome parte del negocio. No dejo de aprender, me gusta crecer haciendo crecer, me he rodeado del mejor equipo y, cuando el conocimiento se queda en interno, la empresa no solo mejora en capacidades técnicas, sino también, en inteligencia organizativa.
Porque la tecnología es el camino, pero el verdadero motor de transformación son las personas. Con talento, ilusión y esfuerzo, todo es posible.