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Juan Manuel Blanco
Director Editorial de INESE
@JuanMaBlancoG
Todos sabemos que el Seguro va por ciclos. A uno bueno, de más o menos extensión, le sigue uno malo y viceversa. También sabemos que es importante aprovechar los errores/siniestros para intentar minimizarlos/evitarlos a futuro y que cuando vienen bien dadas el viento juega muy a favor para invertir en hacer bien las cosas. Digo esto porque, a punto de cumplirse el primer aniversario de la DANA de Valencia, seguimos mirando más lo que hemos hecho bien (muchas cosas, es cierto) y nos olvidamos un poco de las ‘lecciones aprendidas’.
Me cuentan que está casi listo un protocolo claro y definido de actuación. No he oído nada de educación aseguradora, tanto a los clientes, para que sepan dónde están, qué deben asegurar y en qué cuantías, como a los mediadores, para que se encarguen de que los seguros de las empresas de estas zonas están bien hechos. Y también para que tengan la valentía, si hace falta, de decirles a sus clientes que no hay cobertura ni en el lugar que quieren ni de la forma que pretenden hacerlo.
Poco más a o menos es lo que ha venido a decir en el Colegio de Girona el perito de seguros y comisario de averías Josep Sarrión, para quien, en la zona de la DANA, ¡hasta un 78% de las empresas afectadas estaban mal aseguradas! Y señala como deficiencias más frecuentes: insuficiencias de capitales asegurados, elementos que no cumplen la normativa, bienes de ocasión o de segunda mano, inexactitudes en superficies o actividades, bienes y mercancías de terceros, zonas de carga con viales,… En su intervención apuntó también a los, a su juicio, responsables: mediadores y compañías, exonerando a los tomadores que a su juicio no tienen porqué saber de seguros.
Traigo todo esto a colación en el mes de la educación financiera. Una de las permanentes asignaturas suspendidas de este país. Y englobo en ella la formación de los ciudadanos en unos temas que les atañen en su día mucho más de lo que creen y no digamos en su previsión para el futuro teniendo en cuenta el envejecimiento poblacional y las dudas sobre el comportamiento de las pensiones públicas. Me gusta la idea que lanza la nueva presidenta de Igrea, Lourdes Freiría, en la entrevista que llevamos en este número, de impulsar una asignatura obligatoria sobre seguros en las carreras donde se está formando a profesionales destinados a posiciones directivas en las empresas el día de mañana. Tampoco lo sería incorporarla como optativa en la educación de los niños.
En esa misma línea, solo que en otro sentido, se inscribe la preparación del mediador para ser realmente asesor independiente de sus clientes; y eso implica decirle lo que no debe hacer (como por ejemplo, no intentar camuflar como seguros de transporte el aseguramiento de exposiciones permanentes en museos para ahorrarse el recargo del CCS, como acaban de intentar una gran compañía y un bróker de referencia, obligando al Consorcio a pronunciarse) y prepararse en aquello que le gusta menos y le deje menos comisión inicial, como el Seguro de Vida, pero donde tiene garantizada la fidelidad del cliente durante muchos años. Es apostar por su futuro (Vida es como una hucha que se llena casi a diario y no está sujeta a los vaivenes comerciales de autos, por ejemplo) y por el de sus clientes.