Startups, insurtech, fintech, proptech, legaltech, de empresas gacela a unicornios y hectocornios, ecosistema, blockchain, escalar, incubar, gig economy, digital twins, avatares, Marketplace, business angels, y un largo etcétera. ¿A que ya no resultan palabras raras? Todos las conocemos y estamos familiarizados con ellas. Se han convertido en parte de nuestro lenguaje y forman parte de la innovación y el emprendimiento y hay todo un glosario. Hace apenas diez años, no hubiésemos entendido la mayoría; hoy, no se concibe la transformación tecnológica sin ellas.

Una de las últimas en sumarse a este glosario ha sido Metaverso. Desde que se mencionó por primera vez, no ha dejado de sonar. Y, con ella, vendrán muchas otras que hoy aún no existen y entre las que incluso podremos conocer los nombres de nuevos países. Imagínense un “iLand”, un “Smart Valley” o un “Viral Bay”. Países virtuales donde cada persona y entidad tendrá su propio espacio para “poner y disponer” (al menos, hasta donde les dejen) y donde las organizaciones, por ejemplo, tal vez abandonen los espacios físicos de coworking para celebrar sus reuniones virtuales en ‘Horizon Workrooms’. Y todo esto sin mencionar los nuevos perfiles de los empleados de este mundo paralelo (¿“metaworkers”?) o las nuevas “herramientas metaversas” que se crearán para poder operar en el universo Meta.

Dicen los expertos que para concretar todo esto aún quedan al menos 10 años; yo creo que se olvidan del ritmo vertiginoso -además in crescendo- que nos envuelve. Tal vez por eso muchas organizaciones ya se están poniendo las pilas en un entorno de pruebas para no quedarse rezagadas. Y la Mediación parece que no se va a quedar atrás. No hace mucho se conoció el caso de un corredor de seguros con una “propiedad virtual” en el Metaverso para tener su propia “parcela” para cuando todo esté desarrollado y mientras ir probando. Algo parecido ha hecho también Axa France y, seguramente, habrá muchas más, que ya han pulsado el botón de ‘Start’ en ese nuevo viaje lleno de oportunidades. Imagino que todos conocen y asumen las famosas claves de la cultura del emprendimiento: ‘test and learn’ (“testa y aprende”) o ‘fail fast’ (“fracaso rápido”), que se resume en la frase “falla, pero si lo haces, que sea rápido, que hay que ser ágil”.

 

Crezcamos todos

España tiene mucho que decir en la carrera de la innovación y el emprendimiento. Hace 10 años, nadie imaginaba cómo sería el escenario en 2022. ¿Quién iba a imaginar que afrontaríamos una crisis global emergente, una pandemia mundial y una guerra casi en el corazón de Europa? En los tres casos se puede estudiar la influencia tecnológica: algoritmos, modelos predictivos y analítica para aplacar la crisis; avances tecnológicos sin precedentes en medicina para buscar en tiempo récord la vacuna contra la Covid o la ciberguerra. En un contexto en el que todo se mueve rápido, la tecnología también está teniendo un desarrollo atroz; manejamos unas velocidades vertiginosas. Eso sí que es agilidad.

Antes, emprender era difícil: el talento se iba de nuestro país por la falta de oportunidades, pero las cosas han cambiado. Ha aumentado la inversión, el apoyo, el talento,… se ha creado el sandbox, existen redes de incubadoras, inversores que apoyan rondas de financiación y respaldan a los nuevos players. Se ha entendido, por fin, que hay que estar abiertos a la colaboración y que rivalizar solo penalizará a las empresas que no utilicen estos avances como palanca para transformar sus negocios. 

Todo esto es una apuesta clara y tiene un espacio evidente en el tejido empresarial español. En sus inicios, la innovación (intraemprendimiento) era más interna; luego las empresas la han abrazado como parte de su cultura. Ya no hay que buscar el apoyo fuera; la inversión en emprendimiento, antes muy fuerte en Israel y EE.UU. se está moviendo también a Europa; cada vez con más inversiones para el escalado de las empresas. 

 

 

Lo señala, por ejemplo, el Informe Insurtech Global Outlook 2022 de NTT Data, que constata que las inversiones globales en insurtech alcanzaron los 10.100 millones de dólares el año pasado, un 38% más que en 2020, marcando un nuevo ascenso histórico y una clara consolidación del mercado. De hecho, las insurtechs recibieron el 50% de su financiación histórica sólo en los últimos 2 años, a pesar de la tendencia a la baja que se observa en cuanto al número de operaciones cerradas frente a 2019, año en el que se batió el récord de 393 operaciones.

Otro dato llamativo es que Europa y Estados Unidos están reduciendo su brecha: Europa sobresale en financiación y Norteamérica, aunque mantiene el liderazgo, no concentra las compañías con mayor financiación, sino que lo hace el área europea, que experimentó la mayor tasa de crecimiento en 2021 gracias a grandes acuerdos. También destaca que las regiones en las que más ha crecido la financiación son Asia, Europa y Norteamérica (a pesar de que, según la ‘Encuesta sobre innovación en las empresas. Año 2020’ del INE, España invirtió un 41% menos en innovación que la media europea) y que el número de empresas que han recibido más de 100 millones de dólares de financiación (unicornios) se ha quintuplicado desde 2017.

 

La perseverancia tiene premio

Hay que ser perseverantes y poner el peso adecuado en cada proyecto. Proyectos que pasaron de ser sueños, muchos de ellos ideados a raíz de la crisis, a convertirse en realidad. Y es que las buenas ideas suelen recoger sus frutos a largo plazo para pasar a ser historias de éxito. Hace falta gente alocada que te lleve al cielo, a soñar, y que destruya estados deprimentes; que del ‘test and fail’ pasemos al ‘fail to win’ (“fallar para ganar”); que, más que la palabra competir (aunque siempre va a existir competencia, si esta es buena, también es sana), usemos la palabra coopetir (colaborar con tu “enemigo”). Hay que trabajar juntos para llegar más lejos en esta época de globalización y economía colaborativa. 

En ello serán claves las Administraciones y el empuje de personas que apuesten por hacer realidad estos sueños. Es imprescindible hacer inversiones en viveros de empresas, incubar y acelerar proyectos empresariales y que escalen. Fijaos en cómo hemos avanzado: ya existe un centro en el que se estudia la IA, se ha creado el Sandbox español, están sobre la mesa los famosos fondos Next Generation, podemos incluso hablar ya de la futura ley de startups, de una agencia de IA e incluso de la creación del Alto Comisionado para España Nación Emprendedora. 

Hay sed por crecer y desde Inese vamos a ayudar a hidratar los negocios. Tanto los proyectos que surjan y sirvan a los que ya hay para impulsar sus beneficios en pro del cliente, como los negocios tradicionales que, en su apuesta por esta transformación, también se suban a la cresta de la ola para tratar de surcar un océano donde todos los actores tienen cabida. Vamos, el momento es ahora.