Tratado de la transparencia 

 

No son tiempos normales. El mundo, nuestro país, se convulsionan con la Covid-19. La forma de encarar la situación nos llevó a un estricto confinamiento, que cada uno interpretó a su modo. Un encierro que algunos convirtieron en horas de trabajo útil. Gracias a esa minuciosa dedicación, hoy podemos disfrutar de un libro que se alza como un monumento a la meticulosidad. “Transparencia en el Mercado de Seguros”, ‘5 años de LOSSEAR y 40 años de la Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro, en tiempo de pandemia y de transformación digital’, es el trabajo de una persona concienciada y concienzuda: el doctor en Derecho y abogado Félix Benito Osma, profesor asociado de Derecho Mercantil de la UC3M y secretario general de SEAIDA. 

El libro se enmarca en el proyecto de investigación Nuevos retos en el Derecho de Seguros: hacia un mercado asegurador más transparente. Y parte de la base de que el mercado de seguros se encuentra sujeto a condiciones de acceso, ejercicio, supervisión, solvencia y control. En el prólogo del libro, Rafael Illescas, catedrático de Derecho Mercantil, recuerda que el Derecho de Seguros constituye una rama del Derecho Mercantil, con orígenes en el Código de Comercio de 1829, llamado de Sainz de Andino, que contiene alguna referencia en materia aseguradora, al que le sigue el vigente Código de Comercio de 1885, que despliega una disciplina jurídica del seguro y de su contrato, que sería sustituida por la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro (LCS). Los tres escalones de la evolución española del Derecho de Seguros, aunque el prologuista cita también las Ordenanzas de Bilbao de 1837 como precursoras de códigos y de la ley especial.     

La LCS es en la actualidad la más antigua de las leyes mercantiles en vigor, con sus 40 años cumplidos en octubre. Una ley nuclear a cuyo alrededor se han colocado otras normas, como el derecho público del contrato y de los aseguradores, el derecho de producción y distribución del seguro y un sinfín de temas que afectan a toda la industria. 

Según leemos, la actividad típica del asegurador es la captación de fondos del público con las primas recaudadas por anticipado e intercambio de una prestación presente y cierta prima de seguro, por una prestación futura e incierta, la indemnización o prestación dentro de los límites establecidos en la Ley y en el contrato. La tutela de asegurados y beneficiarios tiene que estar garantizada desde la supervisión de la actividad. Pero todo esto cobra un nuevo dinamismo y entra en otra dimensión con las nuevas técnicas y tecnologías que se han implantado en pocos años. Así, el libro dedica un apartado a este rubro: del Seguro y el Derecho en una sociedad y economía contemporánea a un Seguro y su Derecho en una sociedad y economía digital y robótica. El mundo del seguro no puede ser ajeno a este fenómeno disruptivo, donde acompañando la tecnología aparecerán nuevos operadores dentro del sector asegurador, reasegurador y de distribución. Pero estos avances tecnológicos y la innovación “deben tener un marco regulatorio que se ajuste y que cumpla en la medida de lo posible con los principios de neutralidad tecnológica, equivalencia funcional e inalterabilidad del Derecho preexistente”. En ese sentido se espera el sandbox.

La normativa europea sobre transparencia en el Seguro se presenta como parte de la normativa de transparencia del mercado financiero en virtud de las normas MiFID I y MiFID II –MiFIR con sus vertientes de banca, valores y seguros. La normativa europea reformista del mercado de seguros del siglo XXI comienza con la Directiva Solvencia II y con otras normas de ejecución y desarrollo.   I