La digitalización de la sociedad es imparable y los efectos del COVID-19 no han hecho más que aumentar la velocidad de este cambio mundial. Esto no ha sido solamente una tendencia en esferas como la empresarial, donde casi el 70% de los gerentes españoles afirma haber realizado algún tipo de transformación digital en su negocio a raíz de la pandemia, según un informe de Salesforce. La utilización de internet y de dispositivos electrónicos en el ámbito doméstico también ha aumentado debido a las restricciones de movilidad y las recomendaciones para limitar el contacto social. 

Es evidente que las tecnologías digitales se han convertido en herramientas necesarias para realizar actividades cotidianas que van desde el teletrabajo o los estudios al ocio o las cada vez más frecuentes compras online. Este último sector sigue en aumento. Según datos de Astound Commerce, las tiendas online crecerán un 24% en 2021 con un gasto medio en comercios electrónicos que estará entre 40.000 y 45.000 millones de euros. Al menos el 80% de la población española realizará alguna compra por Internet a lo largo del año.

En general, la visión sobre las tecnologías es positiva, con la percepción de que sus beneficios están por encima de sus perjuicios, lo cierto es que la digitalización no está exenta de riesgos. 

Era digital  y Nuevos riesgos 

Un mayor uso de Internet y las herramientas digitales conllevan una nueva serie de peligros para el ciudadano. La protección de los datos personales, por ejemplo, es uno de los pilares que ya se regulan en la UE a través del Reglamento General de Protección de Datos. Aún así, es común que, tras crear una cuenta de usuario en una web, la empresa encargada de la modificación o eliminación de los datos no asuma  esa responsabilidad. 

En las compras online se debe tener cuidado con el uso fraudulento de tarjetas de crédito o con la suplantación de identidad, con contrataciones o compras no autorizadas. El perjuicio se intensifica cuando la entidad bancaria rechaza asumir la devolución de los cargos.

Otra cuestión muy preocupante es el ciberbullying, sobre todo en jóvenes y menores de edad.  Si se quieren aprovechar los beneficios que aportan las nuevas tecnologías digitales, la única alternativa para evitar estos riesgos es protegerse de la mejor forma posible. Así, en caso de sufrir alguna de sus consecuencias negativas se podrán solucionar de la forma más rápida posible.  


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Este  nuevo seguro incluye la reclamación de daños por infracción de la normativa de protección de datos y la defensa administrativa digital en materia de protección de datos. Ofrece también  la reclamación por uso fraudulento de la tarjeta de pago y en contratos de compra y servicios digitales. Y  añade servicios de asistencia informática, como la recuperación de datos en disco duro o descargas de software, y servicios de ciberseguridad como la configuración de control parental, sistema de alertas de cambio de contraseña o la gestión del final de la vida digital. Como en todos sus seguros, ARAG también da acceso a su servicio de Atención Jurídica Telefónica para resolver cualquier duda legal.