Año complicado, para la Economía y el Seguro

 

En el momento de redactar estas notas, el Seguro en su conjunto presenta un perfil que apunta a una reducción en las primas totales del entorno del 12% a finales de año; reducción que se descompone en procesos bastante variados y que, básicamente, se resumen en una significativa atonía del seguro de Vida-Ahorro, cuyo ahorro gestionado presenta un perfil plano, mientras que la aportación de nueva facturación se reduce considerablemente; y unos seguros distintos del de Vida que apuntan también al perfil plano a finales de año. Dentro de los propios seguros distintos del de Vida hay evoluciones muy dispares, ya que si bien en los seguros de Salud y, en menor medida, en los Multirriesgos Patrimoniales, se mantiene básicamente la tónica que se observaba antes de la COVID-19, existen otros, fundamentalmente Asistencia y Pérdidas Pecunarias pero también Automóviles, en los que se observa una debilidad en ocasiones muy intensa.

En suma, 2020 no va a ser un buen año para el Seguro, porque no va a ser un buen año para la Economía y la sociedad españolas, como es más que evidente. La actividad aseguradora tiene demasiados elementos de relación directa o muy estrecha con el ritmo de creación de valor añadido de la Economía como para no verse afectada por ello.

Un elemento crucial del año 2021, que siempre lo es cuando se colocan las palabras Seguro y crisis en la misma frase, será la continuidad de los efectos depresivos; un factor que en estos momentos es muy difícil de valorar, porque es asimismo muy complejo poder definir en qué medida el año que viene va a ser testigo de una quiebra definitiva de los ciclos de contagio y morbilidad que hemos visto después del verano, o no. Siempre suelo recordar que las bruscas pérdidas en la renta de los particulares, que son el principal alimento de la producción aseguradora, no son en sí las más dañinas; lo más dañino es su continuidad. Contando con una contracción para el conjunto del año del orden del 10%, el dato clave es cuándo se obtendrán, en el año que viene, incrementos por encima de un umbral aproximado del 5%.

Dicho esto, lo que está fuera de toda duda es que el año 2020 ha sido un año de durísima prueba para el sector asegurador, como para otros; y que 2021, en cualquiera de los escenarios que podemos contemplar, no va a ponérnoslo fácil. Dicho esto, creo que la respuesta del Seguro a la situación ha sido la correcta. La prioridad de los aseguradores ha sido mantener el aseguramiento en un momento en el que la tentación de abandonarlo, por parte de clientes sometidos a la fuerte presión del parón de la actividad, era muy fuerte y, sin embargo, dicho mantenimiento era crucial para mitigar las consecuencias de dicha parada. El Seguro estableció de forma masiva los medios para flexibilizar el aseguramiento, mientras que ponía en marcha medidas frente a mediadores y proveedores destinadas a favorecer su propia continuidad. El esfuerzo por mantener el tono del sector asegurador se completó con un giro masivo hacia el teletrabajo. Este implicó a la inmensa mayoría de los 51.000 empleados del sector, pero, a pesar de lo inmediato de esta migración, la eficiencia del sector no sufrió mella.

La industria aseguradora, por lo tanto, se ha centrado en conservar el aseguramiento, y consolidar la actividad. Sentadas estas bases, 2021 ha de ser el año de la evolución, y de la innovación. La crisis ha dejado muchas preguntas encima de la mesa. Es la hora de proveer las respuestas.