La química del Covid

Hablar sobre la incidencia de la pandemia en la industria química es una quimera harto complicada, por la inmensa disparidad de actividades del sector, algunas que se han visto muy afectadas y otras se han visto favorecidas.

Como aseguradora de Daños Materiales, englobamos la industria química en 3 grandes grupos: la industria química base, que realiza la transformación de materias primas en otras sustancias fundamentales para otras industrias; la industria química secundaria, encargada de la transformación de los productos obtenidos por la primera; y la química fina, industria dedicada al I+D y  capaz de proporcionar productos muy sofisticados pero con capacidad productiva bastante limitada. 

Mientras que la producción de sustancias fundamentales se ha mantenido estable durante la pandemia, se ha podido observar que, por el contrario, la industria química secundaria se ha visto muy afectada, sobre todo si su producción está relacionada con resinas y plásticos, pues el sector de la automoción al que deriva, está sufriendo los efectos de la contracción económica a causa de la pandemia de una manera más acusada. Por su parte, la industria relativa a la química fina, como puede ser el sector Pharma, se presenta como la antítesis de la normalidad que ya está viviendo el sector industrial en España.

Estamos viendo cómo algunas compañías llegan a duplicar su facturación, aunque como es lógico, no toda la industria se ha visto afectada de igual manera, pues se ha detectado una disminución del consumo de aquellos fármacos no relacionados con la pandemia pues se han postergado muchos tratamientos no vitales por el riesgo, real o no, de acudir a un centro hospitalario. En términos generales, las farmacéuticas han experimento un crecimiento, aunque no tan acusado como el sector de los alcoholes.

Buena gestión del riesgo

Este clima convulso repercute negativamente a la asegurabilidad del sector, pues ambas situaciones, de bonanza y de contracción, poseen sus riesgos que dificultan aún más la disposición de las aseguradoras a suscribirlas. Se tiene consciencia de que existe una acción generalizada de aprovechar el momento álgido que experimentan. La dirección que han tomado generalmente ha sido la de aumentar su producción, a veces implementado alguna línea de proceso extra con todo lo que ello conlleva y cuya planificación ha podido ser en cierta medida precipitada, o simplemente se ha actuado sobre el equipo inicial con la intención de incrementar el número de batch diarios realizados. 

Simplificando el argumento, entendemos que la inestabilidad que trae consigo la instalación de nuevas líneas y la contratación de nuevo personal para el aumento de producción son elementos muy a tener en cuenta pues el factor humano tiene gran peso en la concatenación de eventos previos a un gran siniestro. Por el lado opuesto, en aquella industria química cuya producción se ha visto mermada, se están recurriendo a auditorías de coste, recorte de personal, disminución del beneficio y por ende de inversión en la mejora de equipos y demás factores que hacen más compleja su asegurabilidad. Todo ello, unido a la volatilidad histórica de la industria química, ha dado como resultado un cambio de apetito generalizado entre la mayoría de compañías.

Algunas aseguradoras con amplia presencia en el sector químico han decidido dejar de suscribir dichos riesgos y otras han reducido su exposición. El efecto inmediato de la falta de capacidad ha sido el consecuente incremento en condiciones, que no solo ha afectado a la tasa trasladada al cliente sino también, a las franquicias implementadas en los riesgos, que es la manera más acertada de hacer partícipe al propio asegurado de la necesidad de implementar una excelente gestión de su riesgo en esta industria tan sensible a sufrir un siniestro de intensidad.  I