El delito de revelación de secretos se ha extendido con el uso de las nuevas tecnologías. La facilidad de darle al botón de “compartir”, “publicar” o “reenviar” en una publicación en las redes sociales hace que, incluso de manera imprudente, se difundan informaciones privadas sin el consentimiento para ello.
Una de las variantes de este delito es el sexting, que es la difusión de contenido sexual a través de las redes (fotografías o vídeos de la expareja, por ejemplo), que se ha obtenido con permiso pero que se comparte sin su consentimiento.

Los vídeos íntimos sin consentimiento de las personas implicadas se deben denunciar, eliminar y nunca compartir, porque grabarlos, difundirlos o compartirlos es un delito de revelación de secretos penado con cárcel. No sólo comete el delito quien envía las imágenes, sino también todas las personas que comparten y difunden este vídeo o fotografías íntimas. Se recomienda avisar a quien lo envía de que está incurriendo en un delito y eliminar la imagen para evitar que siga circulando.

En 2015 hubo un caso de revelación de vídeo íntimo de una concejala y acabó en la modificación del Código Penal: en el artículo 197 se introdujo “la difusión y revelación de imágenes o grabaciones, estableciendo penas de prisión de tres meses a un año o multas económicas”. Así también lo manifestó ya el Tribunal Supremo en la sentencia 70/2022, según la cual el delito no solo abarca a la persona que realizó el video.

Hay otro tipo de delitos relacionados con la vida íntima que, por desgracia, también han crecido como consecuencia de la gran repercusión de los canales online. Es el caso del griefing, el acoso en el chat de un videojuego, donde se suelen difundir mensajes insultantes o de tipo sexual o íntimo. También existen conductas como el grooming, que es cuando un adulto, escondido tras un avatar o haciéndose pasar por un niño, establece lazos de amistad y confianza con un menor a través de Internet. El objetivo del adulto es conseguir información personal, fotografías y vídeos, de contenido cada vez más íntimo, para su satisfacción sexual. Este contenido lo utilizará, además, para acosarle, si no hace lo que él quiere.

Como es evidente, los ciberdelitos son muy variopintos y suponen un reto constante. Por ello, lo mejor es hacer un buen uso de las redes, ser conscientes de lo importante que es tener el control de nuestros datos y mantener la confidencialidad y, sobre todo, ser precavidos con el uso que hacemos de las tecnologías. Es decir, no hacer nada en las redes que no haríamos en nuestra vida offline.

 


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