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Francesc Rabassa Montesinos
Presidente del Club de Aseguradores Internacionales (CAI)
Desde finales de los años 80, y especialmente desde mediados de los 90, se acuñó el concepto VUCA en el mundo, sobre todo en términos económicos y empresariales. 35 años después, ya hemos interiorizado estos conceptos, que han pasado a ser una parte intrínseca en nuestra vida, en la empresa, en la economía y, últimamente, en la política y la sociedad en general. De hecho, ya es un término obsoleto.
Curiosamente, estos conceptos han sido gestionados por el sector como base de su propio negocio, y en los últimos años también lo estamos viviendo como parte de la gestión empresarial.
Tras la pandemia, el Seguro se ha venido desarrollando algo por encima de la media de la economía. Comparativamente, entre 2021 y 2024, ha crecido de forma acumulada un 21,5% (el crecimiento económico del país ha sido de un 20,4% en el mismo periodo). Si lo analizamos en detalle, parte de ambos incrementos vienen acompasados por la recuperación del turismo y las subidas de tipos de interés, que han ayudado al crecimiento del ahorro o el incremento del consumo interno. Pero, mientras el crecimiento económico ha estado muy apoyado por los fondos europeos y la inversión pública, el del sector se ha basado en una inflación en precios, derivados en gran parte por los menores costes de siniestralidad y de los servicios, así como en la subida de tipos de interés y el mayor consumo privado.
Tras la corrección de 2024, el ejercicio 2025 ha vuelto a ser relativamente expansivo, sobre todo en No Vida, y con Vida recuperándose. Creo que en 2026 viviremos una situación parecida, ya que los precios, afectados por la inflación comentada, deben seguir corrigiéndose, los impactos por los cambios climáticos seguirán teniendo una importante evolución en la siniestralidad y por lo tanto en la selección y precios de los seguros y seguiremos teniendo problemas de aseguramiento de algunos riesgos que no han sido resueltos. Esto podría llevar a una ralentización del crecimiento de las primas y a un mayor aumento de la sensibilidad en precios en los ramos No Vida.
Económicamente, el escenario del próximo año se vuelve más incierto. Los Servicios de Estudios de instituciones como el Banco de España anticipan una desaceleración del PIB hacia tasas cercanas al 2% o incluso algo por debajo, en un contexto de menor impulso externo, cierta normalización del turismo y posibles tensiones geopolíticas. Bruselas ya ha advertido a España del riesgo de desviación de los objetivos de gasto en 2026, lo que podría obligar a una política fiscal más restrictiva.
En ese contexto, en Vida podrían producirse rescates anticipados si las familias necesitan liquidez, aunque un entorno de tipos más estables favorecería la comercialización de productos de largo plazo. Las modificaciones legislativas previstas, para suavizar los requerimientos de capital en ciertos tipos de inversiones, ayudarían al sector en este cometido.
En paralelo, una situación de mayor incertidumbre reforzaría la demanda de protección en productos como salud, decesos, dependencia, ciberseguro y coberturas de rentas, que se podrían ver como herramientas de estabilidad financiera para hogares y empresas. Aquí la clave para el sector será combinar prudencia técnica y solvencia con capacidad comercial para acompañar al cliente.
Creo que seguirá la senda de concentración en la distribución que ya se ha visto en 2025, con un descenso del 4% en el número de corredores, sobre todo personas físicas. Eso sí, me parece que se habla poco de la inflación de precios que están generando todos estos movimientos de compra-venta, tanto en lo que se paga por los negocios como en la retahíla de fichajes de profesionales que las nuevas estructuras están requiriendo. Veremos dónde está el límite y el resultado de estos movimientos.
2026 será esclarecedor también para algunas compañías del mercado, tanto por las presumibles salidas como por alguna que otra llegada y el posible reposicionamiento estratégico de futuro de algunas compañías, mutuas y mutualidades.
Vamos a tiempos de volatilidad, incertidumbre y ambigüedad en un entorno complejo.