En 2020 y 2021 asistimos a un endurecimiento del mercado en los seguros de empresas o corporativos. Veníamos de un largo periodo en el que, al superar la oferta a la demanda, el nivel de primas y condiciones generaron resultados técnicos negativos, haciendo deficitarios muchos ramos y actividades aseguradas. A esto se unió la bajada de tipos de interés, mermando mucho los rendimientos financieros, siendo el resultado una importante corrección en los precios y condiciones.

Las aseguradoras y reaseguradoras de este segmento, estamos sometidas a una importante presión en los costes para lograr los ROE exigidos. De las primas brutas que pagan los asegurados, debemos descontar la siniestralidad, gastos, comisiones y costes comerciales, margen de beneficio, coste de capital, margen de beneficio de los accionistas, coste de reaseguro, volatilidad y en estos momentos un importante factor que está condicionando de forma importante la siniestralidad: la inflación de los costes de los siniestros o “social inflation”. Es una combinación de incrementos en los precios de la energía, materias primas y el desabastecimiento en algunos productos por los problemas en el transporte, etc. Está provocando que indemnizaciones en los siniestros que afectan a coberturas de Pérdida de Beneficios o CBI se incrementen de forma muy considerable.

A este efecto también deberían prestar especial atención los corredores de seguros y asegurados al estimar las cuantías aseguradas, puesto que estamos viendo casos de infraseguro por estos conceptos. Sirva como ejemplo, un incendio en una planta de fabricación de mineral de aluminio: en un mes, y por el mayor coste de la materia prima, el siniestro por la garantía de pérdida de beneficios ha fluctuado de 130 a 200 millones de dólares, siendo en años anteriores la estimación de PML para un evento así, en torno a 55 millones de dólares. 

Además, donde hace dos años los daños en una fábrica o en su maquinaria se reparaban pongamos en un mes, hoy en día, por la falta de materiales, retraso en su entrega o falta de mano de obra, puede hacer que la fábrica esté parada el doble o triple de tiempo, y que los materiales necesarios sean mucho más costosos. Y esto no sólo afecta a pólizas de daños materiales, ingeniería o construcción, afecta también a pólizas de RC por daños a terceros, cuyos siniestros se alargan en el tiempo especialmente si están judicializados; y no nos olvidemos de los riesgos cibernéticos.

 

Factores locales

Hay factores locales que también afectan a esta inflación. Me refiero a conceptos como la inseguridad jurídica a la que nos enfrentamos en ocasiones por algunas interpretaciones de artículos de la actual LCS, que pueden tener su validez y lógica en seguros personales, y sobre todo en los seguros obligatorios, pero no tanta en seguros de empresa, como por ejemplo los Arts. 3, 20 o 76. Aquí hablamos de siniestros que pueden ser muy complejos y de millones de euros; todas estas cuestiones afectan muy seriamente a su coste. 

Se debe de cumplir lo pactado en el contrato, pero tengamos cuidado de no estirar mucho más la interpretación de la norma jurídica y de lo pactado en las pólizas; esto al final lo acaban pagando los asegurados y la sociedad en su conjunto, debido a la retirada de capacidades del mercado, o por la imposibilidad de asegurar algunos riesgos porque nadie lo quiere hacer o por precio desorbitado.

Y todo esto, rodeados de incógnitas: la evolución del IPC, ¿será coyuntural, como se dice en Europa, o permanente, como se piensa al otro lado del Atlántico.? ¿Habrá aquí subida de tipos, algo descontado en USA y UK?, ¿se estabilizarán los costes de la energía?, ¿se normalizará el transporte mundial?