Pienso en el propósito del sector asegurador y siento que realmente tiene mucho que ver con el de la sostenibilidad. Ambos trabajan por prevenir y eliminar los riesgos a los que nos enfrentamos como sociedad, tanto a través de sus productos y servicios, como podemos ver en el ámbito de la salud, como en sus decisiones de inversión. Riesgos que, de no gestionarse correctamente, no sólo suponen un problema social o medioambiental, sino que además pueden provocar grandes pérdidas económicas. De hecho, los fenómenos intensificados por el cambio climático, como las tormentas de viento, los incendios forestales y las inundaciones, generaron pérdidas aseguradas por valor de 89.000 millones de dólares en 2020, según un informe del Swiss Re Institute. 

Limite

 

Esto ha hecho que cada vez más entidades del sector reconozcan las consecuencias financieras, competitivas y de reputación a las que podrían enfrentarse las empresas por su gestión de los riesgos ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) y otras cuestiones relacionadas con la gestión responsable. Y, como resultado, el movimiento de sostenibilidad de los seguros ha ido ganando impulso en el sector, especialmente en nuestro país. En concreto, según nuestra última publicación, “ODS Año 6: la Agenda desde un enfoque sectorial”, que analiza la implementación de los ODS y su relación con los sectores económicos en España, 9 de cada 10 empresas del sector financiero de banca y seguros ya realizan acciones vinculadas a la Agenda 2030. 

Asimismo, la naturaleza y la forma de actuar tan característica del sector ha hecho que se posicione como uno de los más avanzados en el conocimiento de estos Objetivos; un 90% de las empresas está al día sobre la Agenda de la humanidad. Porque, por naturaleza, las empresas que se dedican desde sus orígenes a asegurar las cosas más importantes saben perfectamente que para proteger siempre hay que partir de una evaluación y conocimiento previo. De igual manera, el 94% es plenamente consciente de cómo su actividad impacta en esta Agenda y, por tanto, actúan en consecuencia. 

Cifras esperanzadoras, si consideramos que este sector es clave para cerrar la brecha de financiación de los ODS, estimada entre dos y cuatro billones de dólares cada año durante la próxima década. Y también para el cumplimiento de otras metas del desarrollo sostenible, como la 3.8, relativa a conseguir cobertura sanitaria universal, protección contra riesgos financieros y acceso a servicios de salud esenciales de calidad. Desafíos que se están afrontando, sí, pero cuya magnitud necesita que se acelere la ambición y la acción por parte de todas las entidades que lo conforman.

En este sentido, desde el Pacto Mundial de Naciones Unidas creemos que la clave para hacerlo es la generación de alianzas sectoriales. ¿Por qué sectoriales? Porque como acabamos de ver, estas empresas comparten retos y oportunidades que serán abordados con mayor eficacia y celeridad mediante un esfuerzo conjunto. Buscamos así el mayor impacto, siguiendo aquello de “si todas las personas del mundo saltaran al mismo tiempo, el planeta entero temblaría”. En nuestro caso, lo que queremos es provocar un cambio sistémico de la economía reconstruyendo sus cimientos mediante la acción conjunta sectorial.  

 

 

Hoja de ruta en seguros

Para ello, las hojas de rutas sectoriales se posicionan como la herramienta idónea. Estas identifican las oportunidades y los objetivos comunes de un sector, constituyendo la guía para elaborar un plan de acción sectorial que empuje a todas las empresas en una misma dirección, multiplicando así los impactos de sus acciones. 

En el caso del sector asegurador, ya existe una hoja de ruta que puede ayudar a estas entidades a actuar de manera coordinada: los Principios para la Sostenibilidad en Seguros. Estas pautas de actuación permiten a las empresas establecer objetivos concretos a favor de un trabajo decente y un crecimiento económico, apostar por la igualdad de género en todas las áreas y dimensiones del sector, velar por la salud y bienestar de la sociedad o trabajar en contra de la desigualdad. Y, por su parte, estos objetivos se materializan en las iniciativas que las empresas españolas llevan a cabo tanto para el ser humano como para preservar el planeta. Iniciativas como proteger la salud y de los equipos internos, apostar con políticas concretas por la diversidad y la no discriminación, reducir la huella de carbono, invertir en energías renovables o convertir en circulares los procesos.

Podríamos decir entonces que ya tenemos el camino trazado, ahora solo falta que lo recorramos juntos. Como directora ejecutiva de la iniciativa de Naciones Unidas líder en sostenibilidad empresarial, invito a todas las empresas del sector a seguir este sendero, abrazando el propósito que tenemos en común y transformándolo en acciones conjuntas que aseguren un futuro mejor bajo los criterios de sostenibilidad, resiliencia y cuidado de las personas. Es vuestra responsabilidad y también la nuestra: unirnos para hacerlo posible. ¡Aliémonos!