Juan Velázquez de Cuéllar 

Director de Suscripción de QBE


 

El número de personas que vive en zonas urbanas ya supera a la población que habita en entornos rurales; una brecha que va a seguir incrementándose en las próximas décadas. Según la Organización de Naciones Unidas la previsión es que 2.500 millones de personas se sumen a la población urbana del mundo para 2050. De esta forma, el 68% de las personas del planeta habitarán en ciudades. 

Este gran movimiento demográfico ya está suponiendo un reto para la estructura de las ciudades, que tendrán que adaptarse a esta nueva realidad desarrollando o modernizando sus infraestructuras sirviéndose de los avances tecnológicos. Transformando las ciudades actuales en ciudades inteligentes.

El objetivo de una ciudad inteligente no es otro que mejorar la vida de sus residentes utilizando herramientas para gestionar áreas tales como: salud, urbanismo, seguridad, movilidad o eficiencia energética, que favorecen el bienestar de la población, y herramientas tecnológicas avanzadas como la implantación de sensores capaces de recabar datos (Big Data), Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés), implantación de redes 5G o el uso de nuevos materiales de construcción más sostenibles y menos dañinos con el medio ambiente.

Ante este panorama, ¿a qué nuevos retos y riesgos se enfrentan las ciudades e infraestructuras inteligentes y por extensión el sector asegurador?

Aunque serán muchos los nuevos retos a los que nos enfrentemos las aseguradoras, sin duda el riesgo cibernético será uno de los más desafiantes. El aumento masivo del uso de datos (reconocimiento facial, semáforos inteligentes, coches conectados, etc.) y el tratamiento de la información (IoT) serán unos de los principales retos para el sector. Más ordenadores, más equipos electrónicos, posibles reclamaciones por uso indebido de datos según lo regulado por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), incidentes cibernéticos (por actos maliciosos y no maliciosos), etc. 

Es importante recordar que cada equipo o sensor conectado a la red es un punto de acceso por donde puede entrar un ciberataque. En definitiva, los puntos de entrada para atacar las infraestructuras de una ciudad inteligente están aumentando casi exponencialmente a medida que hay más dispositivos conectados y se integran más sistemas. Según Forbes, durante 2019 hubo un aumento del 300% en los ciberataques en dispositivos conectados (IoT), un número que probablemente haya aumentado aún más desde entonces.

Desde el punto de vista de la gestión de las grandes metrópolis, las infraestructuras inteligentes basadas en Big Data son el pilar sobre el cual se articula la ciudad inteligente. Se enfrentan a situaciones complejas de solventar y, gracias a las innovaciones digitales, la toma de determinadas decisiones es mucho más rápida y eficaz. Del mismo modo, muchas decisiones las tomarán automáticamente los sistemas inteligentes que forman parte del conjunto de la Ciudad inteligente. Cuando hablamos de toma de decisiones por parte del propio sistema nos referimos a, por ejemplo, un semáforo inteligente que basa sus decisiones en sensores de tráfico y transeúntes, la gestión autónoma del alumbrado de las calles de la ciudad o el reconocimiento facial. 

Gracias a los sensores introducidos en prácticamente todos los aspectos de las ciudades modernas se podrá medir, analizar, controlar y, por tanto, optimizar la gestión de los recursos energéticos y los procesos relacionados con el control del suministro de agua, los residuos o la logística de las grandes ciudades, para en definitiva mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Con todos estos cambios la inversión en ciberseguridad cobra una especial relevancia ya que, como es bien conocido, la mejor gestión del riesgo se basa en la mitigación del mismo mediante la implementación de la seguridad correspondiente y la transferencia mediante la vía aseguradora. No debemos perder de vista que la base de los seguros de ciber es la protección del daño propio del asegurado y la protección del tercero que se pudiese ver afectado ante un incidente ciber.